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Construyendo Su Autoeficacia

Gary Gilles es un Consejero Profesional Clínico con Licencia en la práctica privada por más de 20 años. También es miembro adjunto de la facultad de la Universidad…Leer más

La autoeficacia es uno de esos términos que escuchamos de vez en cuando, pero a la mayoría de las personas les resulta difícil definirla. Por lo tanto, podemos definir la autoeficacia como su percepción de su capacidad para organizar, realizar y lograr un comportamiento dado. Por ejemplo, supongamos que desea obtener una certificación en particular en su profesión. Su autoeficacia refleja su creencia (no su intención) de si realmente puede lograr ese objetivo. Si cree que puede lograr este objetivo, investigue los programas de certificación relevantes, calcule los requisitos financieros y de tiempo, establezca un horario de estudio y comience las clases. Diríamos que su autoeficacia es alta porque actúa según sus intenciones. Por el contrario, si dice que desea la certificación, pero pospone crónicamente o pone excusas sobre por qué no puede comenzar, diríamos que su autoeficacia es baja.

Cómo se aplica la autoeficacia a la vida

Las creencias de autoeficacia forman la base de la motivación humana, el bienestar y el logro personal. Esto se debe a que, a menos que las personas crean que sus acciones pueden producir los resultados que desean, tienen pocos incentivos para actuar o perseverar ante las dificultades. Esto toca prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas: ya sea que abordemos una tarea con optimismo o pesimismo, cómo enfrentamos la adversidad, nuestra vulnerabilidad al estrés y la depresión, y las decisiones de vida que tomamos.

Su nivel de motivación hacia una acción en particular se basa más en lo que cree que en lo que es objetivamente cierto. Esta es la razón por la que muchas personas talentosas están atormentadas por las dudas sobre sí mismas. Otros pueden ver una gran capacidad en personas que tienen un gran potencial en los deportes, la academia, las artes, los negocios, etc. pero no lo ven en sí mismos, por lo que tienen un rendimiento inferior porque no creen que sean capaces de más.

Las creencias de autoeficacia también determinan qué tan bien se aprenden los conocimientos y las habilidades en primer lugar. Si la persona no se percibe a sí misma como capaz de aprender o alcanzar un objetivo en particular, como obtener una certificación en su profesión o obtener ese título de pregrado o posgrado, es posible que ni siquiera lo intente.

Muchos investigadores consideran que el desarrollo de la autoeficacia personal es un rasgo necesario para que se produzca un cambio de comportamiento. Esto es especialmente cierto para los tipos de cambio más difíciles, como romper patrones adictivos. Por lo general, no se espera que las personas se involucren en un comportamiento, o incluso que formen intenciones para involucrarse en un comportamiento, a menos que crean que tienen las habilidades y habilidades necesarias para realizar el comportamiento.

Cómo Se Crean las Creencias De Autoeficacia

1. Percepciones de su desempeño previo y dominio de tareas / actividades.

A medida que realizamos tareas, interpretamos los resultados y desarrollamos gradualmente creencias sobre nuestras capacidades para realizar tareas similares y diferentes. Los interpretados como exitosos aumentan la autoeficacia, los interpretados como fracasos, la reducen. Así es como los niños dominan varias tareas a medida que crecen. A través del proceso de ensayo y error, si perciben sus esfuerzos como meramente practicar o jugar, es probable que sigan intentándolo. Si ellos interpretan sus esfuerzos como «fracaso», entonces es probable que parar y sólo centrarse en la tarea que saben hacer bien.

Como adultos, estamos continuamente construyendo sobre nuestras percepciones de logros pasados y tomando decisiones sobre qué intentar y qué no. Tendemos a seleccionar tareas que nos sentimos competentes para llevar a cabo. A menos que creamos que tendremos éxito, hay pocos incentivos para intentarlo. Tomar riesgos o probar algo nuevo nos permite expandir nuestra percepción de lo que somos capaces de hacer, pero también invita al fracaso y a las emociones que lo acompañan.

2. Experiencias indirectas de observar a otros realizar tareas.

No es tan poderosa como las percepciones de auto maestría, pero esto nos influye mucho cuando observamos un comportamiento de otra persona cuando tenemos poca experiencia previa con una tarea. Esto es particularmente potente cuando el observador percibe atributos similares en la persona que realiza el acto. Por ejemplo, un niño observa que su amigo de mucho tiempo comienza a sobresalir en el atletismo y se pregunta si podría hacer lo mismo. Ve a alguien que lo inspira. Esto aumenta su autoeficacia para al menos intentarlo. Puede decirse a sí mismo: «Si él puede hacerlo, yo también puedo». También podría funcionar de la manera opuesta si el acto observado es un fracaso. La conversación interna aquí puede ser: «Si él no puede hacerlo, entonces yo tampoco podré hacerlo.»

3. Persuasiones sociales dadas por otras personas.

Estas persuasiones son los juicios verbales que otros dan sobre el desempeño o las habilidades de uno. Estos juegan un papel importante en el desarrollo de las propias creencias. Esto es especialmente cierto en los niños.

Un niño debe dominar muchas tareas. Cómo ocurre ese proceso de aprendizaje es vital para su autoeficacia. Si el aprendizaje de nuevas tareas ocurre en un ambiente de crianza donde se enfatiza la práctica sin asociarla con el fracaso, entonces el niño aprende resiliencia. Si la vergüenza y la crítica son una parte regular de ese ambiente de aprendizaje, es probable que el niño asuma menos riesgos y se centre solo en lo que ha aprendido a hacer bien para minimizar la crítica.

Las persuasiones positivas funcionan para alentar y empoderar, mientras que las persuasiones negativas pueden funcionar para derrotar y debilitar las creencias de autoeficacia. Los comentarios negativos tienen un potencial de influencia mucho mayor que los positivos. Estas persuasiones positivas deben estar arraigadas en los logros reales y no solo en la alabanza o el aliento vacíos.

4. Las personas miden su confianza por el estado emocional que experimentan al contemplar una acción.

Estados de ánimo como ansiedad, estrés, excitación, depresión, etc. proporcione señales del éxito o fracaso anticipado del resultado. Si una persona experimenta pensamientos negativos y temores sobre sus capacidades, esto puede desencadenar estrés, miedo y ansiedad adicionales que sirven para garantizar el rendimiento inadecuado que teme y pueden reducir la autoeficacia.

Aumentar su autoeficacia comienza con hacer un inventario de lo que dice que desea lograr en su vida y luego evaluar qué tan bien cumple con esas intenciones. Si ves un patrón de buenas intenciones que no consigue mucha tracción, entonces divide la tarea en partes más pequeñas para que cada paso sea más alcanzable. El logro de una pieza crea una motivación intrínseca para lograr la siguiente pieza, y así sucesivamente. Esta es la mejor manera de aumentar gradualmente su autoeficacia y ver el movimiento hacia la mejora de su vida.

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